La jujeña que triunfa en la Armada y custodia el faro Claromecó

Jujuy 16 de marzo de 2021 Por Walter Alfaro
La Cabo Primero Karina Belén Ortega tiene 25 años, ingresó a la Armada Argentina hace 5 y egresó con la especialidad Servicios Hidrográficos Balizamiento. Hoy se encuentra destinada en el faro Claromecó y es la primera mujer en ser parte del equipo de trabajo encargado de cuidar al casi centenario faro.
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“La Armada Argentina es una gran oportunidad profesional y servir a la Patria, es un orgullo” Cabo Primero Torrera Karina Belén Ortega de San Salvador de Jujuy

La función principal de un faro es servir de ayuda a la navegación, ya que su luz orienta el rumbo del navegante desde la costa, contribuyendo a una navegación segura. La zona de Claromecó se caracteriza por bancos arenosos y allí está el faro para alertar a los navegantes. 

Ubicado a 2 kilómetros de la ciudad, en el Partido de Tres Arroyos al sur de la provincia de Buenos Aires, el faro Claromecó depende de Faros, Radiofaros y Pontones (SIFR) del Servicio de Hidrografía Naval (SHN). Por ello, el personal que lo custodia y realiza su mantenimiento es miembro de la Armada Argentina. 

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Comúnmente llamados “torreros” o “guardianes de faro”, el personal militar de la Armada que allí se encuentra está especializado en Servicios Hidrográficos, como Karina Belén, quien además posee una orientación en Balizamiento. Su trabajo y el de sus compañeros es que el faro nunca deje de funcionar. 

Karina contó que es la primera vez que personal femenino está destinada el faro de Claromecó: “Soy la primera mujer destinada en el faro, en total somos 5 miembros de la Armada, de los cuales 3 habitan en el predio con sus familias”. 

 La Cabo Ortega vive en las afueras del faro, con su hijito Gael de 2 años y su pareja, quien es bombero y empleado municipal de Claromecó.

“La ciudad me gusta, es muy tranquila, familiar, y se puede disfrutar entre otras cosas, de la playa durante todo el año”, expresó Karina quien nació lejos del mar, en San Salvador de Jujuy, y que a la edad de 4 años se instaló en Palpalá con sus padres y 4 hermanos. 

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 En el faro, las actividades de Karina son realizar guardias y contribuir al mantenimiento de la torre de 54 metros de altura sobre el nivel del mar y el predio de 4 hectáreas donde se emplaza. 

 “En un día habitual además de verificar el buen funcionamiento del faro, se corta el pasto, se hacen distintos tipos de trabajos de jardinería como podar plantas y arbustos. Se realizan distintos trabajos de mantenimiento general y pintado en las instalaciones, por ejemplo. Somos un equipo multifunción”, y describe en pocas palabras su trabajo diario: “Todo debe funcionar correctamente y quedar lindo y limpio. Me gusta el trabajo”, resumió. 

También contó cómo se cambia manualmente la enorme lámpara de luz del faro que cuenta con electricidad urbana y es fotocélula, es decir, cuenta con una plaqueta programada que se prende sola y una baliza de emergencia automática. 

SOBRE EL FARO

El faro puede ser visitado por el público en general, teniendo los recaudos correspondientes en virtud de la pandemia producida por el COVID-19; en la base del faro hay un pequeño museo donde se exhiben los restos óseos de una enorme ballena hallada en las costas del balneario y otras curiosidades. 

Para evitar que los buques se aproximen a la zona de arenales, sobre todo cuando los vientos y las tormentas dificultan la navegación y orientación, la gran altura del faro de Claromecó permite ser visto a unos 48 kilómetros de distancia. De día, se identifica por sus 5 franjas horizontales pintadas de blanco y 5 de negro; y de noche, por la luz blanca que destella, tres veces cada 30 segundos. 

Cuenta con 278 escalones y, en poco tiempo, el faro será parte de los faros centenarios del país: su construcción comenzó en diciembre de 1921 y se habilitó el 20 de octubre de 1922. Además de estar próximo a cumplir los 100 años, es uno de los faros más altos de la costa argentina junto al Querandí, solo superados por el Recalada a Bahía Blanca en Monte Hermoso. 

 Son más de 60 faros los que se distribuyen --mayormente a lo largo de la costa atlántica-- en el territorio argentino; unos están habitados, otros no tienen guardianes, pero todos cumplen la noble misión de contribuir a salvaguardar la vida humana en el mar. 

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 De cómo una chica del norte se hizo torrera 

“Fue por mi hermano”, sonríe. Ingresó a la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESSA) en el 2015 siguiendo a su hermano mayor, quien lo hizo en el 2013. 

“Una vuelta nos fuimos de vacaciones a Buenos Aires con mi familia y paseando por Puerto Madero mi hermano ve la fragata ARA ‘Libertad’ y dice que algún día iba a estar ahí porque quería ser marino, ‘si vos te vas yo te sigo le dije’; él tenía 11 y yo 10”, revivió aquel momento significativo. 

 Hoy David Ezequiel Ortega, su hermano mayor, es Cabo Primero Comunicante y está destinado en la Base Naval Ushuaia, Tierra del Fuego. 

Mientras él estudiaba en la ESSA la curiosidad de Karina fue creciendo hasta que finalizó el secundario y se anotó ella también: “Quería estar con él y seguir su ejemplo, y mis papás se pusieron muy contentos por eso”. 

Al ingresar, Karina confesó que adaptarse a la vida naval fue difícil, pero no imposible “cambiar de ritmo, tener más responsabilidades; es un mundo totalmente diferente al civil, el cambio es rotundo, por supuesto para bien, el mejor cambio en mi vida y se lo agradezco a la Armada”, destacó. 

“La Armada Argentina es una gran oportunidad profesional y servir a la Patria, es un orgullo”, dijo la joven jujeña que está en la Institución hace 5 años, y habló de su futuro: “Me gustaría, en un futuro próximo poder navegar, hacer la Campaña Antártica, visitar los Puestos de Vigilancia en faros lejanos, trabajar en Señalización y Balizamiento en el mar".

Y agrego que le gustaría "también tener la experiencia de trabajar en una base naval porque debe ser diferente --por la gran cantidad de gente que alberga-- aunque creo que nos ayudaríamos entre todos como acá en el faro, que prevalece la camaradería y el trabajo en equipo”. 

 De Jujuy extraña a la familia y los amigos y, siempre que puede, vuelve a Palpalá. “Con la pandemia por el virus COVID-19 este año fue complicado, pero pudieron venir mi mamá y mis hermanas a visitarnos para Año Nuevo y fue una alegría compartir con ellas la fiesta”, contó. 

Karina Belén Ortega asistió a la Escuela Primaria Municipal “Marina Vilte” y al Comercial en el secundario; e hizo vóley de chica en el barrio de su infancia. Entre sus recuerdos y lo que añora de su provincia está la comida típica y nombró el picante de pollo y los asados, “el picante de pollo es una comida de Bolivia; que al estar tan cerca de este país nos vemos influenciados”. 

 

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